The Whitest Boy Alive, Rules (2009)

Por Octopus el December 4, 2009 Archivado en Análisis de Álbumes, Bandas Emergentes

Hablar de una banda como The Whitest Boy Alive es sín­toma de saber apre­ciar el gusto por lo bien hecho, la exquis­itez de un rock cristal­ino con suaves pince­ladas min­i­mal­is­tas y elec­tróni­cas de sonidos claros y oscuros a partes iguales.

The Whitest Boy Alive, Rules (2009)

El grupo está for­mado y lid­er­ado por  Erlend Øye, can­tante y gui­tar­rista del grupo Kings of Con­ve­nience, y prin­ci­pal creador de este proyecto para­lelo, junto con el bajista Marcin Öz, el bater­ista Sebas­tan Maschat y el tecladista Daniel Nentwig.

El cuar­teto nórdico se formó allá por el año 2003 con la inten­ción de ser un grupo de música elec­trónica para dar rienda suelta a sus inqui­etudes musi­cales, pero qué sin querer con el paso del tiempo se fué trans­for­mando en algo tan mágico, puro y sin­cero como su primer álbum Dreams (2006) y su pos­te­rior, último y recomend­able Rules (2009).

Con can­ciones alta­mente adic­ti­vas y con un ligero aire melancólico pero tam­bién ale­gre, según el estado de ánimo, como la mar­avil­losa y ani­mada “Burn­ing” o temas tán rela­jantes y con rítmo como “Golden Cage”  y “Fire­works” entre las más destaca­bles y acce­si­bles de su orig­i­nal primer disco.

Y por último aden­tran­dome en su último álbum, destacar su primer sen­cillo “Island”, un tema potente con el qué seguro estarán rompi­endo la pista de baile allá por donde vayan, muy pegadiza, oscura e increíble­mente estim­u­lante en cualquier momento del día.

Cabe remar­car tam­bién la bail­able y pas­mosa “Dead end”, la tran­quila y core­ada “Grav­ity” en un disco muy com­pleto y per­sonal, con una pre­dom­i­nante linea de bajo espec­tac­u­lar e ince­sante, dando sen­tido a toda su música, todo ello sin quitar el pro­tag­o­nismo a la gui­tarra de Erlend y mucho menos a su cuidada voz.

Y sí, esta es la genial­i­dad de estos cua­tro músi­cos afin­ca­dos en Berlín, música para el dis­frute per­sonal, vál­ida para escucharla tanto en un pub como en casa tum­bado en la cama, siem­pre sabi­endo crear con cada can­ción ese ambi­ente tán íntimo que cualquier grupo no logra con­seguir, enviando con cada nota  un susurro al oído para aquél oyente qué se deje atra­par por su encanto musical.

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