escrito por MrCat el Friday, 11 de May del 2012
La Sala Caracol abría sus puertas aún de día y con nuestras camisas todavía secas. Un puñado de sedientos, algunos curiosos, habituales de conciertos, y mucha cámara de fotos para inmortalizar algunos instantes de la efímera danza eléctrica que algunos en Madrid íbamos a presenciar.
Se abre el telón rojo que ocultaba el escenario y se descubren los Varry Brava, hoy es la fecha elegida para la presentación de Demasié en la capital, y les toca demostrar por qué han colgado carteles de “todo vendido” en las anteriores ciudades visitadas.
No hay mucha gente en la sala pero sí se advierten las ganas de saltar de los que han acudido. El vocalista da la bienvenida, resuena el bajo, y tema tras tema van consiguiendo que las 3 primeras filas del público, en un principio transparentes e imaginarias, vayan rellenándose de personas que empiezan a empaparse de sudor. Calor, mucho calor.
Muestran una lista de canciones en un orden estudiado y correcto que progresa en un interesante in crescendo, mientras el teclado se abre de piernas frente al instrumento, el batería se desencaja, guitarra y bajo despeinan sus flequillos y un vocalista entregado y compulsivo hace que sus “mayas” cada vez estén más adheridas a su piel por culpa del sudor.

Hemos presenciado un concierto no muy extenso en duración, con un disco que da de sí todo lo que cede, y se entremezcla con suspiros, bailes, y alguna que otra versión reseñable, como la del mítico tema Fiesta de los Maniquíes, tema que nunca falta en un tracklist del que hoy está redactando, y que no pudo refrenar su emoción al intuir los primeros golpes de guitarra que iban a versionar a Golpes Bajos.
En definitiva, uno comprende la extraña mezcla de influencias de la que se habla siempre que se nombra este grupo al ver la puesta en escena de su trabajo de estudio. Uno cree adivinar entre algunos de sus componentes, en sus letras y en su música, en las diferentes canciones, a algún componente del grupo de la movida, al pijo que hace los coros en los discos de Hombres G, al italiano del festival de Benidorm, y al punki de la lata de cerveza en la puerta del supermercado. Todo hilvanado y agarrado, con un patrón de diversión, conforman la chaqueta amarilla de los Varry Brava.
Por MrCat en Crónica Concierto Varry Brava en Madrid.